Caitlyn Jenner: la valentía de pocas

En los medios de comunicación y en el mundo de la moda y el espectáculo, hoy nadie habló de otra cosa que de la presentación en sociedad de Caitlyn Jenner, una bella mujer que, desde la portada de la revista Vanity Fair pide ser llamada por su nombre: “Call me Caitlyn”.

Caitlyn Jenner Vanity Fair
La portada de Vanity Fair, revelada hoy en la cuenta de Tweeter de la revista

Se trata de quien fuera Bruce Jenner, la leyenda del fútbol americano y estrella olímpica, padrastro de las hermanas Kardashian y padre de las jovencitas Kendall y Kylie, quien en abril pasado le confesó a la periodista Diane Sawyer que “tenía el alma de una mujer”. En la entrevista, Jenner anticipó que revelaría pronto su verdadera identidad.

Y así lo hizo hoy, en medio de una gran bulla mediática, y una significativa repercusión en las redes sociales, bajo el hashtag #CallMeCaitlyn. Su flamante cuenta de Twitter @Caitlyn_Jenner batió récord alcanzando el millón de seguidores en menos de cuatro horas.

“Estoy tan contenta después de una larga lucha para vivir mi verdadero yo. Bienvenida al mundo Caitlyn. No puedo esperar a que me/la conozcas”, escribió en su primer tweet.

Mi reflexión ante esto va más allá de cualquier debate moral sobre los transgéneros (puedes estar de acuerdo o no, pueden gustarte o no, puedes convivir con ellos o no), y también va más allá de los motivos que haya tenido Jenner al hacer pública su transformación (hay quienes piensan que se esconden intenciones promocionales, por ejemplo).

Desde aquí, yo quiero celebrar la valentía de esta ahora mujer, para dejar de ser quien no es y atreverse a vivir su propia felicidad, para dejar de reprimir emociones y, como ella misma dijo, finalmente sentirse libre.

¿Cuántas de nosotras quisiéramos liberarnos de una carga emocional que no nos deja ser feliz? ¿Cuántas nos atreveríamos a llegar a las últimas consecuencias en pro de nuestro bienestar? ¿Cuántas quisiéramos dejar de ser quien nunca fuimos para mostrar nuestro verdadero yo, ese que se retuerce de tristeza cada vez que nos ve representar un papel que no nos identifica?

Y no me refiero solo a situaciones extremas como esta, sino tambien a esas pequeñas decisiones cotidianas, que tomamos por el solo motivo de agradar a los demás o por temor al juicio ajeno.

Mi hermano Martín sostiene que “uno es feliz cuando deja de fingir”. Y tiene razón. Es una máxima que trato de aplicar cada vez que me veo forzada a hacer o a decir algo, o a actuar de determinada manera. Cuesta, por supuesto que sí, ¿pero acaso no vale la pena el intento? Y si no, mira a Caitlyn Jenner, plena y feliz a sus 65 años. ¡Bravo, bravo, bravo por su valentía!

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